viernes, 28 de mayo de 2021

Historia de la maldición del martes y viernes 13 en nuestra cultura

 


 

¿Sabías que hay Hoteles, negocios, edificios y personas que ignoran el 13 en sus cuentas? Si es una planta, numero de puerta, habitación o asignación para una simple lista de turnos, pasan directamente del 12 al 14 sin contar con el 13.

Seguro que en alguna ocasión lo has visto, puede incluso que seas uno de los que cree en la mala fortuna de este número. Sin embargo, ¿Por qué sucede esto? Unos dicen que es superstición, otros procuran evitar señalarlos en su calendario por si acaso y el resto, como ya has visto, directamente confía en su desgracia y mala suerte.

¿Qué esconde realmente el número 13 y por qué se le considera maldito? Hoy abordaremos esta tradición tan extendida y popular sobre todo en los países europeos y americanos, así como su relación especial con los días de la semana martes y viernes.

Y sí, por si no lo sabías, la superstición sigue siendo uno de los temas tabúes en pleno siglo XXI, donde la información se encuentra a un clic y muchos de los desastres que ahora mismo suceden, se relacionan directamente con aspectos como el número 13. ¿Quieres saber más? Acompáñame y deja que te sorprenda.


El número 13 posee una connotación negativa en muchas culturas

Las creencias religiosas, así como las tradiciones populares, sobre todo aquellas que son más antiguas, son las que van señalando determinados números. El 13 es uno de los favoritos a destacar negativamente en muchas religiones.

Por poner algunos ejemplos para ir entrando en materia, en la religión cristiana el 13 se relaciona con los asistentes a la última cena de Jesús, incluso se asegura que éste fue crucificado por los romanos en un viernes 13.

En la mitología vikinga también existen referencias al 13, donde Loki, un dios relacionado con el caos y la traición, hace una mención a la calamidad que conlleva el número y la poca confianza que transmitía cuando había que contar con ese número para cualquier acción.

La cábala judía asegura que 13 son los espíritus malignos, mientras que el libro del Apocalipsis incluye en su decimotercer capítulo la llegada del anticristo. Incluso el Tarot lo relaciona con la muerte.

El 13 en definitiva, es un número que ha tenido siempre una mala reputación y, tratándose de historia y religión, hablamos de tradiciones que han sido heredadas unas de las otras, como más adelante veremos con la relación de los días de la semana y el propio número en cuestión.


Viernes y martes 13, fusiones entre culturas y religiones diferentes

Un número que representa el último día con vida de Jesús y, donde también se ordenó la extinción de la Orden de los caballeros templarios en 1307, será siempre asociado con la desgracia.

Desde aquellos relatos y hasta la fecha, el viernes 13 se considera como una combinación nada recomendable en términos de buena suerte, al menos para el mundo cristiano y los más supersticiosos.

Sin embargo, es curioso como se van intercambiando los conocimientos con el paso de las épocas y civilizaciones. Las tradiciones y costumbres de una cultura se entremezclan con otras, dando lugar a variaciones y nuevas creencias. El número 13 no ha sido una excepción durante todos estos años.

Para el mundo romano, los dioses eran tan sagrados que había un día de la semana dedicado a cada uno de ellos. Marte, el dios de la guerra y señor de los conflictos, tenía el martes. Un día nada recomendable para dedicarlo a eventos o acciones en las que se esperaba algo bueno, como una boda.

La unión del martes con el número 13 procede de la fusión de las creencias romana y cristiana. De aquí la tradicional frase de: “Martes 13, ni te cases ni te embarques”, aunque con el paso de los años ha ido modificándose e incluso eliminando el número 13 en algunas ocasiones.


Triscaidecafobia, una palabra para determinar la fobia al número 13

Lo curioso es que este termino existe y está en nuestro diccionario para definir precisamente la fobia que algunas personas mantienen con el número 13.

Es probable y curioso que, mientras muchos evitan utilizarlo y sufren de este problema, desconocen la mayoría de fechas y razones por las que el número 13 es considerado como algo negativo. Aunque también existen motivos para desconfiar del resto de números.

La triscaidecafobia representa el miedo irracional al número trece, un pavor total a cualquier evento o suceso en el que el 13 tenga algún tipo de participación.

Iberia, la aerolínea que todos conocemos, no tiene en sus aviones ninguna fila con el número 13. Al igual sucede con la línea italiana Alitalia o Emirates. ¿Lo sabias? Es curioso comprobar cómo se van aplicando costumbres y limitaciones por simple superstición.

Evitar el número 13 es, en muchos casos, ya una tradición más que un problema a la hora de pensar en una catástrofe. Si bien es cierto que la triscaidecafobia existe desde la Edad Media, no debemos obsesionarnos porque, si nos ponemos a analizar números, nos quedamos sin calendario ni fecha que salvar.

Y por si todavía no lo sospechabas, el pavor que genera el 13 también se ha extendido a su relación con los ya conocidos martes y viernes.

·         Parascevedecatriafobia. Aunque cueste de pronunciar, es el nombre que recibe la fobia al 13 únicamente relacionada con los viernes. Procede del término Parasceve, que hace referencia a la preparación de la pascua.

·         Trezidavomartiofobia. No nos lo ponen fácil a la hora de definir este tipo de fobias, pero con este nombre definimos el problema que muchos sufren cuando relacionamos el número 13 y los martes.

Definir fobias es un complejo sistema que engloba todos los componentes que nos hacen sudar. Si repasamos los dos términos que acabas de conocer, verás como muchas palabras te suenan.

En este caso el trece es el denominador común, aunque existen muchas otras definiciones sobre otros números, como la tetrafobia, que representa el miedo al número 4.

Y esto precisamente nos conduce directamente al descubrimiento de otros números malditos que, por si tenías dudas, muchas otras culturas y zonas del planeta han temido tanto o más como nosotros con el número 13.


En Italia el 17 está mal visto, representa a la muerte

Además de las supersticiones habituales con el 13, Italia también posee una especial animadversión irracional con el número 17, una cifra que simboliza el mal augurio.

Su origen también procede de la antigua cultura romana, ya que este número en romano se escribe XVII, donde la reorganización de sus letras permite leer “vixi” en latín.

¿Sabes que significa en esta lengua muerta? Precisamente hace referencia indirecta al sentido de la muerte, ya que vixi significa “viví”. Las supersticiones son mucho más creíbles cuando alguien intenta relacionar como sea cualquier término con un sentido.

Las tradiciones antiguas varían de las actuales por el simple hecho de la forma en la que se han ido transmitiendo con el paso de los años. Es decir, entendemos e interpretamos según nos han enseñado.


Los chinos y japoneses van mucho más allá con el número 4

La pronunciación original del número 4, “shi”, hace referencia a lo mismo que la muerte, es decir, su fobia a este número par es tan grande que Japón decidió crear una forma de leerlo alternativa para que su pronunciación fuera yon.

De la misma forma, el 42 o 43 en sus pronunciaciones respectivas, representan a la muerte también, lo que hace que muchos hospitales prescindan de contar con estos números para identificar plantas o habitaciones.

El 4 es el elemento común por una cuestión de pronunciación, pero con un importante valor adquirido por la popularidad negativa que se le ha ido atribuyendo. Lo mismo sucede con el ya conocido 13 o incluso el 666 que todos evitamos emplear.


¿Poseen realmente estos números una maldición?

Ser un amante de las curiosidades históricas, permite adoptar una postura un tanto más lógica y necesitada de datos demostrables, aunque no resulta difícil saber diferenciar qué es racional de lo que no, en estos casos concretamente.

El 13 es un número que, por las circunstancias o relaciones que se le han ido atribuyendo durante siglos, ha sido temido y clasificado como de mal augurio. Pero no es más que una cifra para contabilizar, igual que el 14.

Y lo mismo sucede con el resto de números y fechas de nuestro calendario actual. Si quisiéramos encontrar relaciones para hacer malditos todos los números, ten por seguro que lo conseguiríamos.

En la India, un país de grandes tradiciones, el número que vaticina una catástrofe es el 26, ya que recientemente algunas de las desgracias que han padecido tienen relación de forma directa o indirecta con esta cifra.

Sea como fuere, los números y fechas, como el 13 que acabas de conocer, poseen tal fuerza argumental con sus relaciones y creencias, que admito que no resulta fácil vivir en el número 13 de la planta 13 en un barrio donde el código postal termina en 666.


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https://es.wikipedia.org/wiki/Triscaidecafobia

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-se-dice-que-dia-13-trae-mala-suerte_15738

https://es.wikipedia.org/wiki/Viernes_13

 

 


sábado, 15 de mayo de 2021

Agnes Waterhouse │ La primera mujer ejecutada por brujería en Inglaterra

 


Las brujas siempre han sido una de las figuras más descritas, temidas y recurridas de nuestra historia. En sus relatos se las relaciona con las artes oscuras y toda clase de desgracias a su alrededor. 

En la vida real, por mucho que ahora nos cueste entender, también ha sido así. Y es que, tal y como dice el refrán, la realidad siempre supera a la ficción.

Agnes Waterhouse tiene por desgracia el título de ser la primera mujer ejecutada por brujería en Inglaterra. Para poder conocer su triste y surrealista historia tendremos que retroceder al siglo XVI y tratar de ponernos en situación, aunque ya te advierto que los argumentos que la condujeron a su muerte son tan absurdos que resultará complejo ponernos en su piel.


Agnes Waterhouse, una mujer acusada de todo y por todos

En aquellos años, la superstición popular era mucho más creíble y determinante que en la actualidad. Si ahora necesitamos pruebas contundentes y se rebate todo, en el siglo XVI bastaba con una sospecha para arruinar la vida de alguien.

Nuestra bruja, apodada también como la Madre Waterhouse, nació en 1503 y residía en la ciudad de Hatfield Peverel, lugar donde también se encontraban las dos acusadas que la acompañaron en este juicio tan peculiar y que también vas a conocer.

Estas dos compañeras de “brujería” eran Elizabeth Francis y Joan Waterhouse que, como ya imaginarás esta última era la propia hija de nuestra protagonista. Por si fuera poco, sus relatos y confesiones contribuyeron a que Agnes terminase, literalmente hablando, perdiendo la cabeza.

No podremos avanzar en la historia si no aparece en escena el elemento común en todos los testimonios y confesiones recogidos en el juicio: el gato de la señora Francis, que posteriormente pasaría a ser propiedad de Agnes.


El gato “Satanás” que condujo a todas a la desgracia

Según se recoge en el juicio, existía un gato que convivía con la señora Elizabeth Francis, que lo había heredado de su abuela, la Madre Eve de Hatfield Peverel. Según Francis, además de haberle transferido sus conocimientos en brujería a la edad de 12 años, el felino de manchas peculiares poseía un espíritu familiar.

Después de haber convivido con el “gato maldito” durante cerca de 15 años, Francis aseguró que éste le había dicho con una voz vacía y tajante que haría lo que fuera por ella a cambio de una gota de sangre.

Elizabeth aceptó su ofrecimiento. Confesó haber asesinado a varias personas, entre ellas a Andrew Byles, un adinerado conocido con el que mantenía una relación. Tras haberse quedado embarazada de él, y éste negarse a contraer matrimonio, optó por quitarle la vida.

El gato Satanás le proporcionó los conocimientos necesarios a Francis para provocar el aborto, incluso recurrió a su supuesto poder cuando más tarde contrajo matrimonio con otro hombre y deseó que éste padeciera cojera y que muriese su hija de apenas 6 meses de vida

Este argumento es el que esgrimió la propia Francis en sus declaraciones, algo que reforzó su culpabilidad y contribuyó inexorablemente a que Agnes también perdiera su defensa, delatándola y dejándola completamente a merced del juicio popular.


Elizabeth Francis intercambió a su gato con Agnes Waterhouse por un pastel

El haber delatado a Agnes Waterhouse permitió que Francis recibiera una condena menor, aunque 3 años más tarde también terminaría siendo ejecutada.

Aseguró haber intercambiado a su gato por un pastel. La nueva propietaria Agnes, debía “ofrecerle su leche y sangre como hacía su dueña original”, la Madre Eve.

Según Waterhouse, admitió haber sacrificado a uno de sus cerdos para comprobar el supuesto poder que tenía el gato y el espíritu familiar que en él habitaba. También afirmó haber matado las aves y vacas de sus vecinos tras una fuerte discusión, pero siempre negó haber empleado la brujería para haber asesinado a nadie

Tan solo recalcó que el espíritu familiar pasó del gato a transformarse en un sapo, aunque otros afirman que fue ella misma la que se transformó en sapo. Imaginemos todos estos testimonios tomados seriamente en un juicio.

El argumento que empleó Elizabeth Francis, destacando también el espíritu maligno de Satanás y demostrando esta supuesta brujería, contribuyó en el desenlace de Agnes.

No sin la ayuda de la todavía desconocida Joan Waterhouse, la hija que también fue juzgada aunque en esta ocasión liberada tiempo después.

Joan Waterhouse, la hija vengativa que utilizó el poder de Satanás, ahora encarnado en un sapo

Su testimonio narraba cómo aprovechó un viaje de su madre para “ejercitar” a Satanás con el propósito de ver qué podía conseguir. El objetivo fue la hija de su vecina, Agnes Brown, la cual había negado alimento a Joan. 

Invocando la ayuda de Satanás, Joan testificó que el propio sapo le concedió su deseo de venganza a cambio de entregarle su alma. A lo que aceptó.

El sapo se transformó en un perro con cuernos, según relató la propia Agnes Brown de tan solo 12 años de edad. Tenía similitudes al rostro de un mono, pero contaba con una cola pequeña y una cadena alrededor de su cuello. Lo describió como el demonio.

Tras un intercambio de palabras y amenazas por parte del perro endemoniado, Agnes Brown le preguntó que quién era su “dama” a lo que el perro giró la cabeza y señaló la casa de su vecina, Agnes Waterhouse.  

Existen diferentes versiones sobre el relato de Joan, ya que en algunas fuentes se asegura que ella no empleó al espíritu familiar para vengarse en ningún momento, mientras que en otras aseguran todo lo contrario.


Un juicio que ya comenzó señalando a Agnes Waterhouse por actos de brujería

El procedimiento se llevó a cabo en 1566 en Essex, concretamente en la ciudad de Chelmsford. En él se acusaba a Agnes por haber provocado la enfermedad y posterior muerte de William Fynne.

Además, en la acusación se incluían cargos por recurrir a la brujería para causar enfermedades en la población así como provocar la muerte de ganado y la de su propio marido. Era la forma habitual para culpar a alguien sobre la desgracia del vecino, señalando con el dedo y levantando toda clase de sospechas.

Los testimonios que ya conocemos, tanto de su hija como de Elizabeth Francis, coincidieron en la presunta posesión de un espíritu maldito que se iba encarnando en diferentes animales. Lo que en aquella época se traducía directamente en brujería.

Dos días más tarde de la condena en firme y la conclusión del juicio, Agnes Waterhouse sería conducida a la horca donde, momentos previos a su muerte, mostraría arrepentimiento y suplicaría el perdón de Dios.

La población respiraría tranquila al comprobar cómo la justicia, empleando todos sus recursos y lógica, había conseguido detener el mal en persona. Atrapando y ajusticiando a las mujeres que actuaban según los principios de la magia negra. La brujería se volvería en el principal objeto de denuncia.


Este suceso sentó las bases de lo que posteriormente se convertiría en una caza de brujas

Si bien es cierto que en las películas se pone más énfasis en lo visual que en destacar la verdadera realidad de la época, el juicio contra Agnes Waterhouse supuso un antes y un después en Inglaterra.

De aquí surgieron infinidad de panfletos y movimientos que motivaron a la población a sospechar incluso de sus propios familiares. 

Cualquier acto inusual se consideraba brujería, permitiendo que cualquier mujer pudiera acabar ahorcada o quemada. 

Los testimonios que se recogen de aquellos años solo reflejan una parte de la historia, porque como en todas las sentencias y acusaciones, por populosas que fueran, había argumentos tan surrealistas como el que acabas de conocer con la señora Waterhouse. 

Y sin embargo, terminaban en condena y arrepintiéndose de algo que no habían hecho. Pero nos encontramos en pleno siglo XVI y por fortuna, en acabar esta lectura volveremos rápidamente al siglo XXI.


La brujería supuso un grave problema en la Inglaterra de Enrique VIII

Aunque la iglesia inglesa de aquella época era anglicana, la brujería estaba completamente prohibida, como en España.

Para el Rey Enrique VIII fue un tema de vital importancia, ya que la población se encontraba completamente sumida en el terror que llegaba de relatos e historias sin fundamento ni un ápice de veracidad, pero poderosamente aterradoras.

Ana Bolena fue decapitada en 1536 por adulterio y traición al rey, aunque no profundizaremos en ello, posteriormente fue declarada mártir al demostrarse su total inocencia. Sin embargo, en aquella época el motivo de que la decapitasen también estaba plagado de sospechas por brujería.

Con cualquier otra historia, dejaríamos para el final como dato curioso que años más tarde, en 1579 se publicaría un panfleto donde se demostraba que Agnes Waterhouse y Elizabeth Francis eran hermanas

Sin embargo, la historia al completo merece, como poco, calificarla de curiosa e inusual. Aunque no nos olvidemos de que Agnes Waterhouse fue la primera mujer acusada por brujería, tristemente le seguirían miles durante los años posteriores.

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https://delaquelarre.wordpress.com/2019/12/12/quien-fue-agnes-waterhouse/

https://es.wikipedia.org/wiki/Agnes_Waterhouse