Juana I de Castilla más conocida como Juana “la Loca”. Nació en Toledo, el 6 de
noviembre de 1479. Hija de los Reyes Católicos y esposa de Felipe el Hermoso, fue
tachada de loca, achacando su demencia a sus celos hacia su marido. Nada más
lejos de la realidad. Todo formaba parte de un maquiavélico plan por parte de su
padre Fernando y su marido Felipe para hacerse con el trono, y de los intereses de su hijo Carlos (futuro Carlos V), que reinaría tras el fallecimiento de sus predecesores.
Esa es la conclusión a la que
llegaba el sabio alemán Mr. Bergenroth, enviado a España por el gobierno
inglés, con la misión de estudiar los documentos históricos del país. En los documentos
descubiertos por Mr. Berengroth se demuestran la conspiración y traición que se
llevaron a cabo, con el fin de desposeer del trono a su legítima dueña. Los
datos de la investigación se dieron a conocer al público alemán en un número dela
Revista histórica de Mr. Hernry de
Sybel, a finales de la década de los setenta del siglo XIX. De lo que investigó
Mr. Bergenroth se extrae todo lo que se comenta a continuación.
Juana la hereje
Juana, en su juventud, se opuso
fuertemente a los crueles actos de violencia ejecutados por sus padres a los
acusados de herejía. Su madre, Isabel de Castilla, viendo la humildad y empatía
que sentía Juana hacía aquellos ajusticiados, comenzó a tener sospechas de la
posible herejía de su hija, llegando en ocasiones a castigarla con el tormento
(tortura ejercida a los reos con el propósito de hacerles confesar). Los
agentes de Isabel acusaron a la joven de hereje, y más aún cuando esta se
negaba a confesarse.
Isabel la Católica murió de
hidropesía el 26 de noviembre de 1504. Antes de irse de este mundo, y con la
excusa de la supuesta enajenación mental de Juana, otorgó la corona a su esposo
Fernando, regente y administrador del reino, hasta que su nieto Carlos alcanzara
los veinte años de edad. Esto provocó un conflicto con el marido de Juana,
Felipe el Hermoso, que aseguraba que la locura de Juana no era más que una
burda invención en beneficio a su suegro, que intentaba hacerse con la corona
fuera de toda legitimidad. Seguramente, Isabel la Católica quiso apartar a su hija del la corona por no estar clara su fe católica.
Conspiración y traición
Felipe el Hermoso viajó a España
para arrebatarle el trono a Fernando, pero este le convenció para deshacerse de
Juana, con el pretexto de que esta no conservaba todas sus facultades mentales, y
así compartir el poder. Felipe asumió la regencia del reino de Castilla. Sin
embargo, Fernando lo traicionó acusándole de tener encerrada a su propia mujer.
A la muerte de Felipe el Hermoso,
Juana fue trasladada desde su calabozo a otro en Tordesillas, donde estuvo
ajena a todo lo que sucedía en el exterior y nadie podía saber nada de ella. Cuando
Fernando muere en 1516, el cardenal Jiménez, que le había sucedido como virrey,
ordenó que Juana siguiese encerrada. Fue puesta en cuestión (tormento) numerosas
veces, cautiva y privada de toda necesidad, incluida la atención médica en el caso
de estar enferma. Su hijo, Carlos V, estaba perfectamente enterado de la
situación en la que se encontraba su madre. No solo no se le pasó por la cabeza,
ni por un asomo, poner fin a su encierro, sino que además rechazó las
propuestas que le llegaban pidiendo que realizara tal propósito. De hecho, consintió los malos tratos ejercidos a su madre con la intención de convertirla al catolicismo.
Breve reinado de Juana en libertad
En agosto de 1520, algunas
ciudades de Castilla emprendieron una insurrección en contra del despotismo del
régimen. Un grupo de diputados de esas ciudades fueron hasta Tordesillas para
hablar con Juana. Le pidieron que tomara el mando del Gobierno, ofreciéndola el
apoyo de las masas, que estaban completamente convencidas de lo falso de su
locura. Por desgracia, el largo periodo en prisión de la reina, su ignorancia
de la situación, su inexperiencia, el cariño hacia su hijo Carlos V y la falta
de apoyo de la nobleza hicieron que Juana no pudiera escapar de su destino. 103
días duró el reinado de Juana la loca. La noche del 5 de diciembre de 1520, los
realistas saquearon y tomaron la ciudad de Tordesillas. Juana fue de nuevo
encerrada en su calabozo.
No es de extrañar que, a partir
de ese momento, sí que comenzara a desarrollar cierto grado de locura, encerrada
durante cuarenta y cinco años, sufriendo malos tratos y soportando inhumanas condiciones de vida, hasta que finalmente muere el 12 de abril de 1555. Juana pasó sus últimos días de vida siendo víctima de brutales torturas, para
obligarla a confesarse y de esta manera poder darle la extremaunción. Días de,
esta vez sí, auténtica locura, desesperación y rabia.


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