Es bien sabido por todos que
Hitler protagonizó uno de los mayores exterminios de la historia, guiado por su
enfermiza mentalidad antisemita y su idea de pertenecer a una raza superior a todas las
demás, una raza “pura”. Lo que no todos conocen es su afán por conseguir
algunas de las más destacadas reliquias sagradas (la lanza de Longinos, el Arca
de la Alianza y el Santo Grial, entre otras). Para ello contó con ayuda de su
mano derecha, Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo y de las SS y responsable de los campos
de concentración nazis.
Himmler creó una organización, o
secta, con fines ocultistas; la Deutsches Ahnenerbe (Sociedad para la
Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana). Dicha
asociación se formó en un principio con el propósito de encontrar los orígenes de la
raza aria. Finalmente, acabó teniendo protagonismo en los
experimentos humanos realizados por las SS y en el empeño por conseguir “objetos
de poder” que permitirían a Hitler dominar el planeta.
Emblema de la Ahnenerbe.
El Arca de la Alianza
Todos recordamos la película Indiana Jones en busca del Arca perdida, donde
los nazis buscan el mítico arca. Nos puede parecer un simple argumento para una
película, pero lo cierto es que tiene un trasfondo de realidad. Hitler buscó el
Arca de la Alianza, símbolo de la unión entre Dios y el pueblo de Israel y
recipiente que guardaba las Tablas de la Ley. Sin embargo, había un problema que
la Ahnenerbe debía resolver, ya que la tradición nos dice que tan solo un
rabino judío puede abrir el arca sin perder la vida en ello. Así fue como la
asociación ocultista obligó a colaborar con la causa a uno de los presos de los
campos de concentración (algunas fuentes afirman que el judío se encontraba en
el campo de exterminio de Auschwith).
Hay varias historias acerca del
paradero del Arca. Uno de los lugares donde los nazis buscaron el objeto
fue España, siguiendo una pista sugerida por el cabalista judío. Posteriormente se interesaron además por unas piezas del Museo Arqueológico de Madrid, traídas desde Egipto, lugar donde también buscaron el arca. Según una leyenda, los templarios
pudieron esconder en Toledo tanto el Arca como la Mesa de Salomón. Otra
historia afirma que la escondieron en algún lugar de África. Algunos historiadores
la localizan en Etiopía, donde llama la atención el culto que se manifiesta hacia
ese objeto (hay unos 20.000 templos cristianos y cada uno contiene una réplica
del Arca de la Alianza).
El Santo Grial
El Santo Grial fue la copa que
utilizó Jesús en la última cena y que recogió su sangre al morir. Cuenta una
leyenda que José de Arimatea llevó el Santo Grial a Europa. Los cátaros lo escondieron en la fortaleza de Montsegur, en Francia, enclave próximo a la frontera con España.
Siglos después llegó hasta el lugar Otto Rahn, filólogo y experto en Historia
Medieval, en busca del objeto. En 1936 conoció a Himmler, y este le ofreció la
oportunidad y los medios para ir a investigar de nuevo a Montsegur y encontrar
el Grial. Parece ser que no dio con el, ya que en 1940 Himmler viajó hasta
España, concretamente a Barecelona, con la idea de hallar la reliquia
en la montaña de Montserrat. El dirigente de las SS se presentó en el
monasterio ubicado en la montaña, acompañado por un grupo de militares alemanes
y españoles, y por el alcalde de Barcelona. Allí exigió a los monjes de Montserrat
que le mostraran toda la documentación que tuvieran acerca del Santo Grial, y
que le permitieran acceder a los pasadizos y habitáculos secretos del Monasterio.
Los religiosos se negaron, para el desconcierto y consecuente enojo de Himmler.
La lanza de Longinos
Se trata del arma empleada por el
centurión romano Cayo Casio Longinos para herir a Jesús en la cruz. Según
relató el amigo de Hitler, Walter Johannes Stein, cuando la lanza se exponía en
el Palacio Imperial de Hofburg, en Viena, el joven Adolf Hitler escuchó una historia
relacionada con la lanza, según la cual el poseedor del objeto tendría el destino del universo en sus manos (de ahí
que también se conozca la reliquia como la lanza del Destino). Sin duda alguna, esa leyenda caló hondo en el
futuro canciller de Alemania. También fue relevante el hecho de que Hitler
conociera el supuesto poder que le otorgó la lanza a personajes tan poderosos
como Carlomagno o Federico “Barbarroja”, emperador del Sacro Imperio Romano.
Ambos fallecieron por un mismo motivo; la lanza se les cayó de las manos. El
mismísimo Napoleón Bonaparte puso gran empeño en conseguirla sin llegar a lograr tal propósito.
Se conocía la existencia de cuatro
lanzas, de las cuales una de ellas podría ser la auténtica lanza de Longinos.
Los nazis tenían la teoría de que la verdadera era la que se encontraba en el
Museo de Viena. Alemania se hizo con Austria el 14 de marzo de 1938, y fue la
ocasión perfecta para apoderarse de la reliquia. Hitler ordenó ese mismo año
que trasladaran la lanza a Nüremberg, a la iglesia de Santa Catalina. En 1944 Nüremberg sufrío fuertes bombardeos por parte de los aliados y el Führer mandó
guardara junto al tesoro de los Habsburgo, en un refugio subterráneo construido
especialmente. Unos días más tarde, el ejército americano encontró el refugio
con el tesoro y la lanza de Longinos. Casualidad o no, ese mismo día, a cientos
de kilómetros moría en un búnker subterráneo Adolf Hitler, quitándose la vida con un disparo. Ello suponía el fin de una de las etapas más crueles de la historia,
el fin del Tercer Reich.


...casualmente, estos objetos nombrados aquí, tienen relación con el mismo Dios.
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