lunes, 16 de febrero de 2015

Vlad III: El auténtico Drácula

Todos conocemos la figura de Drácula, ese siniestro hematófago de colmillos afilados con capacidad de convertirse en murciélago o en lobo; aquel famoso ser que deambula por la noche y al que no le hace ni pizca de gracia el ajo. Lo que no todos saben es que Drácula existió en realidad, aunque no como vampiro. No obstante, su sanguinaria mentalidad  demostrada con tan salvajes e inhumanos actos tuvo aterrorizada tanto a toda la población de su reino como a sus más poderosos enemigos.




Vlad Drácula

Vlad III, o lo que es lo mismo Vlad Drácula, nació en noviembre de 1431 en Sighisoara, en la Sajona Rumana. Heredero al trono de Valaquia, ya desde pequeño disfrutaba contemplando las ejecuciones públicas de los criminales. En 1444, el y su hermano fueron capturados por los turcos y llevados como rehenes hasta Anatolia. Vlad tenía trece años y su hermano Radu apenas llegaba a los diez. Drácula fue encerrado en un torreón, mientras que Radu el Hermoso pasó a formar parte del harén del sultán. Seguramente fue allí donde Vlad comenzó a odiar a los turcos, aprendiendo de ellos el método que le haría tan popular, el empalamiento. El tiempo que estuvo con sus prisioneros le sirvió para avivar su despiadada imaginación. Así, Vlad acabaría utilizando todo método de torturas como el despellejamiento; el “escalpado a la turca” (arrancar la piel de la cara); hervir a personas vivas en enormes calderos…

En 1447 llegó a la corte, donde estaba prisionero, la noticia de que su padre había sido asesinado. El sultán lo dejó libre con la esperanza de poder tener al príncipe de Valaquia a su merced. Con la ayuda del ejército turco, Vlad III conquistó el reino de su padre, ocupado por Alexandru (príncipe de Moldavia) y subió al trono en 1448.

¿De dónde sale el nombre de Drácula?

El padre de Vlad III fue Vlad II, Dracul. Perteneció a la Orden del Dragón, orden nobiliaria de caballería, creada por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico para combatir al invasor otomano y defender la fe católica. Vlad II estaba muy orgulloso de pertenecer a esa orden así que utilizó la representación del dragón en todas sus banderas, escudos, monedas… Dado que en la iconografía cristiana se suele representar al demonio como un dragón, y el pueblo desconocía la existencia de la orden, comenzaron a llamarle Dracul (demonio en rumano). El apodo acabó convirtiéndose en el apellido de su descendencia. Así su hijo, Vlad III se llamó Vlad Draculea, del rumano dracul (demonio) y –ea (hijo de). Con el tiempo fue transcrito como Drácula (hijo del demonio) y más tarde sería más conocido por Vlad Tepes (Vlad el empalador).

Símbolo de la Orden del Dragón.


¿De dónde le bien la fama sanguinaria a Drácula?

Son muchas las historias que se cuentan acerca de Vlad Tepes, cada cual más aterradora y despiadada. De hecho, dan para escribir un libro. Voy a mencionar tan solo algunas de ellas.

En 1457, conocedor de que algunos nobles habían asesinado a su hermano, organizó un gran banquete invitándoles. Acudieron unas 500 personas contando a los nobles y a sus familias, incluidos mujeres y niños, además de algunos clérigos. Cuando el efecto de la bebida ya había comenzado a dar señales, Vlad les preguntó que cuántos reinos habían visto. Tras las respuestas, Drácula les aseguró que ya no iban a derrocar ninguno más. A los más fuertes los obligó a trabajar en su propia mansión y al resto (no hace falta especificar a quién) los empaló en el patio del castillo.

Para solucionar el problema de mendigos y población no trabajadora celebró un banquete. Invitó a pobres, enfermos, ladrones… Se les dio ropas nuevas y les atiborró de comida. Una vez hubieron terminado les preguntó si querían una vida donde pudieran disfrutar de un banquete como aquel a diario. Como es de suponer, todos afirmaron. Vlad sonrió y ordenó sellar las puertas y quemar la casa. De esta forma acabó, según el, con 3.600 personas no productivas.

En una ocasión mandó apresar a tres líderes gitanos para empalarlos. Uno le dijo que esa forma de morir no era digna en la ley gitana, así que los mandó asar vivos para “complacerle”. A los trescientos gitanos de la comunidad les obligó a elegir entre comerse a sus líderes o alistarse en su ejército. Los que rechazaran alguna de las propuestas serían asados vivos. 

En 1460 los turcos apresaron y asesinaron al aliado de Drácula, Mihail Szilágyi, voivoda de Valaquia. El sultán Mehmed II decidió reclamar a Drácula el tributo de 10.000 ducados que Valaquia pagaba los turcos. Para ello envió a dos emisarios y Vlad III le devolvió sus cuerpos sin vida. En mayo de 1462, el sultán envió un ejército de 25.000 hombres para conquistar Constantinopla y avanzar hasta tierras rumanas. Cuando Mehmed II quiso llegar hasta la capital valaca de Târgoviște se encontró una imagen que le hizo retroceder. Lo que vio fue un macabro bosque de 23.000 soldados turcos empalados descomponiéndose. La escena le hizo abandonar su idea de conquista y volver a Estambul. Fueron los turcos quienes le dieron el nombre a Drácula de “Príncipe Empalador” (Vlad Tepes).




Y así amigo, es como se las gastaba nuestro príncipe. Todo esto no es más que una pequeña pincelada, pues si entráramos en detalles podríamos perturbar algunas mentes. Se conocen detalles tan espeluznantes y macabros que podrían no dejarte dormir. Vlad III mostraba un increíble desprecio hacia todo tipo  de perfiles, ya fueran nobles, pobres, enfermos, de otras razas… Tuvo la enfermiza obsesión de realizar una exhaustiva “limpieza” en su reino. No tuvo escrúpulos a la hora de ejecutar a niños, mujeres o ancianos. Sin duda, la realidad a veces supera la ficción.


Bibliografía: Arriés, J.(2007) Vampiros. Barcelona. Ediciones Minotauro.




No hay comentarios:

Publicar un comentario